sótano 2.

 

Estoy cansado.

Llevo el peso de piedras que ya no existen,

pero que han impregnado mis sentidos.

Arrastro los pies

por caminos de polvo cósmico,

sin pena, sin gloria.

Atrapo un poco de aire con mis dientes,

muy de vez en cuando

me siento vivir

en las bocas que llagan mis manos.

Me doy cuenta de que lo que veo es una ficción mal hecha,

puesta en mitad del camino,

como una mandrágora expectante.

En mi cuello se infla una vena,

y mis rodillas suenan a dados viejos tirados

sobre una mesa inmunda.

He olvidado cómo se llora,

que era la única forma de felicidad que conocía;

ahora siento en el paladar

un sabor inconfundible a mierda.

Me ahogo en el picante humo de tu vientre,

trago pedacitos ácidos de mi propio corazón

Para mantenerme muerto.

Estoy cansado.

 

SOTANO 1

 

Elaboro un plan infalible.
Me sentaré a verte marchitar lentamente,
llenaré mis ojos de inclemencia
y me burlare de tu dolor impersonal.
Partiré muy temprano
para no encontrarte en el recuerdo de mi sueño,
me pondré al hombro uno o dos cadáveres,
de esos con los que tropiezas
en una ciudad vacía.
Perderé adrede mi lugar en el auditorio
de tu pena sempiterna,
mostraré mi sangre más oscura,
más espesa.
Y cuando estés a punto de pegar el grito,
bajaré a los infiernos,
que conozco bien,
a buscar tu voz,
robaré una sombra distraída
y cancelaré de una vez mi deuda.
Tomaré los pertrechos que pueda,
para una larga caminata
y despistaré a los recuerdos de tal forma,
que no podrán alcanzarnos.
Cuando se den cuenta que solo tienen tu sombra,
ya nos habremos alejado lo bastante,
como para dejar de correr.

PRIMER NIVEL.

Nadie sabe dónde encontrar la otra llave,
la que en realidad no abre ninguna puerta
ni te acerca a la realidad del duende negro,
que acosa tu espíritu con la fruición en su único ojo.
Mis sábanas amanecen despellejadas,
con aureolas amarillas que no puedo explicar.
Pasan personas enfundadas en hábitos,
Hablan de Dios, de los hombres, de mí;
con la firme convicción de quien está acostumbrado a mentir.
Peregrino a los extramuros con luz en cuello,
porque ya no tengo voz,
me la robaron en la tierra de la hipocresía,
en esa travesía que prefiero enterrar en el recuerdo de una felación.
He perdido la cuenta de mis ángeles caídos,
regreso o voy, pegando la espalda a las paredes,
sin ánimo de molestar.
prendo fuego a un puñado de palabras
para tratar de no repetirlas,
veo a Kafka en el espejo roto del baño,
y en su pupila izquierda distingo la imagen de un padre
más fuerte y más alto que él;
no hay un diván, como en las películas,
solo una tímida muchacha, detrás de un trauma muy viejo,
que grita con desesperación tratando de convencerme,
de que si no tengo autoestima…,
ella se convierte en una idiota fracasada. 

SEGUNDO NIVEL.

Trajino tu cuerpo una y otra vez,
sin la fascinación del pecado detrás del matorral espinoso,
con la misma calma amodorrada de mis padres,
de mis abuelos edípicos,
bajo sábanas que se convierten en cielos húmedos, nostálgicos,
sin aventura,
sin desgarro de ansiedad.
Los animales se han rendido a la vida en los zoológicos.
Sin peligro de muerte.
Disfrazando de una parafernalia estulta,
su naturaleza espérmica, vizcosa,
de orgasmos urgentes y erecciones cegadoras.
El sabor del pubis es ya rancio,
y no adereza el deseo como antes,
Polifemo ataca una gruta antes ávida,
sabiendo que será derrotado una y otra vez
convertido en “Nadie”.
Mientras en los jardines secos,
sobre la arena endurecida de la playa,
una tarima de cemento de alquiler misio,
o la esquina de una pared mal tarrajeada y peor iluminada
Eros va tomando otras víctimas,
otros rehenes,
dos para insuflarles
el mismo jugo sicalíptico y coprófago,
acercando cada vez más a Tanatos,
nuestros ya patéticos despojos sexuales.
¡Un orgasmo más!
REQUIESCAT IN PACE.